En esta época, es algo común manejarse con la tecnología, ya que esta en cualquier lugar donde observemos, la inteligencia artificial recauda y procesa todo lo que hacemos, decimos y elegimos.
Todas nuestras acciones, ya sean:chatear, enviar un email, tuitear, subir una foto, buscar algo en internet, etc. Se registran y se transforman en datos digitales.
Es importante tener en cuenta que también se generan datos cuando caminamos por la calle (cámaras de seguridad o GPS), viajamos en colectivo (SUBE) o sacamos plata del cajero automático.
Es inevitable que, a cada instante, de cualquier manera, nuestra información se vaya acumulando en algún disco rígido de cualquier parte del mundo.
Los datos advierten que, para finales del año 2019, se habrán fabricado 3,5 millones de gigabytes de datos nuevos por cada minuto. A esto lo denominamos Big Data.
Las empresas administradoras de redes sociales, aplicaciones y sitios web, pueden conocer toda nuestra información, entre ellos: gustos, preferencias y demás. Gracias a Big Data.

Las industrias más grandes que almacenan datos en todo el mundo, los clasifican, procesan, segmenten y los venden son: Google, Amazon, Facebook, Microsoft y Apple.
De esta manera, utilizan nuestros datos para deducir posibles acciones y generar reacciones mediante estímulos bien concretos.
No hace falta más que algunos simples likes para que los algoritmos de inteligencia artificial sepan con quien vivimos, cual es nuestra preferencia por algún candidato a presidente o donde vamos a viajar.
De esta manera además de usar nuestra información, también pueden manipularnos sin que nos demos cuenta.

“Usamos esas aplicaciones en masa y de manera compulsiva porque están diseñadas para optimizar la extracción de datos. Y la mejor manera de hacernos producir datos es que seamos adictos a la aplicación. Si estuvieran optimizadas para conectarnos con otras personas y ayudarnos a gestionar mejor el tiempo, no serían adictivas”.
Dijo: Marta Peirano, autora del libro El enemigo conoce el sistema (Random House).

Se promete constantemente por parte de las grandes empresas que se va a resguardar nuestra información, pero seguido aparecen vulnerabilidades o nuevas filtraciones.
Miguel Sumer Elías, abogado especialista en seguridad informática y director del sitio Informática Legal en Clarín explica que, antes en los únicos lugares donde tenían tu información era en tarjetas de crédito, el Estado y la escuela de nuestros hijos. Pero hoy se encuentran en todo el mundo y no se tiene idea con que finalidad los utilizan.

A veces no nos enteramos cunado sale una nueva vulnerabilidad o hubo un robo, como por ejemplo en el año 2013, a Yahoo! le hackearon todas las cuentas de mail y la empresa se dio cuenta un año después.
Hay otros casos, pero sin ir muy lejos, el último escandalo fue de Facebook, la agencia inglesa de marketing online Cambridge Analytica le vendió más de 85 millones de perfiles robados a la campaña de Donald Trump.
De esta manera se manipularon los votos. La Comisión Federal de Comercio de los Estados Unidos (FTC) le dio una multa de 5.000 millones de dólares a esta campaña por no proteger aquellos datos privados de los usuarios.

Cambridge Analytica no hackeó los servidores de Facebook, utilizó la aplicación de un test de personalidad que diseñó exactamente para aprovechar lo que Facebook le ofrecía: acceder a los datos de millones de personas (sin su consentimiento) y, de esta manera, crear modelos de comportamiento y explotarlos en sus campañas. La American Civil Liberties Union llevaba denunciando esto desde 2009. Cambridge Analytica empezó a usarlo en 2012. Explicó Marta Peirano.

Un caso muy conocido es el de Max Schrems en 2011, un estudiante universitario que decidió pedirle cordialmente a Facebook una copia de todas las interacciones que había realizado en esta red social. Facebook le entrego 1.200 páginas de sus datos, con 57 categorías desde pasatiempos hasta opiniones religiosas.
El estudiante demando a la empresa por violación a la privacidad y por otros 22 delitos.
La sede europea de la empresa tiene prohibido utilizar imágenes de los usuarios sin su consentimiento y, transcurrido un tiempo, tiene que eliminar la información considerada personal.

Frente a este panorama, Soledad Antelada, una ingeniera argentina de 41 años, experta en ciberseguridad, que vive en San Francisco, Estados Unidos, desde 2010 explicó que es imposible no dejar huellas

No obstante, para reducir la huella digital detallan una serie de pasos a seguir:

  • Usar navegadores que no nos persiguen (como DuckDuckGo), aplicaciones que borran las huellas y limpian nuestro paso por las redes (como Jumbo) y extensiones para avisar y bloquear sitios que rastrean nuestra vida online (como Ghostery).
  • No usar WiFi públicos para compras o trámites bancarios.
  • Controlar la información que publicamos en las redes y no regalarle nuestros datos personales a cualquier sitio.